Stephan Schmidheiny no solo construyó sus propias empresas, sino que también fue un impulsor de las ideas de otros. Una y otra vez reconoció tempranamente el potencial de personas y proyectos, y les dio, en el momento decisivo, el empujón necesario: con convicción, su red de contactos, consejo empresarial y, a menudo, el primer capital, cuando otros aún dudaban. Así ayudó a que despegaran iniciativas que difícilmente habrían surgido sin él.
Solarcentury: pioneros solares de éxito
La empresa solar británica Solarcentury ejemplifica el papel de Stephan Schmidheiny como impulsor. Cuando el científico ambiental Jeremy Leggett quiso crear en 1997 una organización sin fines de lucro para promover la energía solar, Stephan Schmidheiny le aconsejó fundar en su lugar una empresa con fines de lucro, apoyando no obstante la fase inicial con una contribución filantrópica. Leggett siguió el consejo y fundó Solarcentury en 1998. Dos años más tarde, Stephan Schmidheiny realizó, a través de su sociedad de participaciones, la primera inversión de capital de ocho millones de libras, en plena incertidumbre tras el estallido de la burbuja tecnológica. Juntos acordaron que Solarcentury destinaría cada año el cinco por ciento de sus beneficios a proyectos solares en África. De ahí surgió más tarde la organización benéfica SolarAid. Solarcentury se convirtió en una de las empresas solares líderes de Europa. Stephan Schmidheiny mantuvo su participación durante más de dos décadas, hasta que la empresa fue adquirida en 2020 por el grupo energético noruego Statkraft. Su temprana apuesta por la energía solar había valido la pena también desde el punto de vista empresarial.
Endeavor: de fundadores locales a un impacto global
Stephan Schmidheiny también fue padrino de Endeavor. En 1997, la joven estadounidense Linda Rottenberg y su socio Peter Kellner querían crear una organización que ayudara a emprendedores con talento de los mercados emergentes a dar el salto decisivo, mediante mentoría, redes de contactos y acceso a capital. Pero el proyecto pendía de un hilo: en plena crisis financiera asiática, todas las fundaciones se negaron y Kellner condicionó su capital inicial a una cofinanciación. Stephan Schmidheiny, vinculado desde hacía tiempo a América Latina, creyó en la idea y duplicó la inversión de Kellner. Así, a finales de 1997 Endeavor contaba con capital suficiente para arrancar. De aquella idea inicial nació un movimiento mundial de «emprendimiento de alto impacto»: hoy Endeavor está presente en decenas de países y ha acompañado a miles de emprendedoras y emprendedores en su camino, una red que crea referentes y da forma a economías enteras.